No se puede más que agradecer y celebrar la feliz idea de Mónica Sifrim de convocar a un puñado de poetas argentinos para que cada uno de ellos elija a otro poeta de este país, ya fallecido, y justifique su elección del modo que considere más adecuado. En el recorte inevitable de los poetas convocados, se reconoce una amplitud de criterio: los hay de varias generaciones, de las más diversas estéticas y de distintos puntos del país. Lejos de la labor monográfica de un antologista solitario sostenida en un criterio unívoco, lo que aquí se reúne es una antología coral en un doble sentido: no solo una pluralidad de poetas argentinos elegidos y comentados, sino también una diversidad de voces igualmente autóctonas que los comentan. Y eso ya, de por sí, otorga a este libro un carácter profundamente testimonial y, al mismo tiempo, de resistencia. Por un lado, porque confirma que los poetas estamos hecho en igual medida de las experiencias vividas y de las lecturas que hemos sabido llevar a cabo. Por otra parte, porque en una época que consagra la mezquindad individualista, el egoísmo ramplón de las redes sociales y la certeza imbécil de que el mundo ha empezado cuando hemos nacido, aquí se deja una palmaria constancia de que somos quienes somos porque existen otros que nos ayudan a definirnos y singularizarnos y, en similar medida, porque hemos sabido heredar lo que otros y otras han hecho antes, en la poesía y en la vida en común.
Guillermo Saavedra
Vasos comunicantes
No se puede más que agradecer y celebrar la feliz idea de Mónica Sifrim de convocar a un puñado de poetas argentinos para que cada uno de ellos elija a otro poeta de este país, ya fallecido, y justifique su elección del modo que considere más adecuado. En el recorte inevitable de los poetas convocados, se reconoce una amplitud de criterio: los hay de varias generaciones, de las más diversas estéticas y de distintos puntos del país. Lejos de la labor monográfica de un antologista solitario sostenida en un criterio unívoco, lo que aquí se reúne es una antología coral en un doble sentido: no solo una pluralidad de poetas argentinos elegidos y comentados, sino también una diversidad de voces igualmente autóctonas que los comentan. Y eso ya, de por sí, otorga a este libro un carácter profundamente testimonial y, al mismo tiempo, de resistencia. Por un lado, porque confirma que los poetas estamos hecho en igual medida de las experiencias vividas y de las lecturas que hemos sabido llevar a cabo. Por otra parte, porque en una época que consagra la mezquindad individualista, el egoísmo ramplón de las redes sociales y la certeza imbécil de que el mundo ha empezado cuando hemos nacido, aquí se deja una palmaria constancia de que somos quienes somos porque existen otros que nos ayudan a definirnos y singularizarnos y, en similar medida, porque hemos sabido heredar lo que otros y otras han hecho antes, en la poesía y en la vida en común.
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